La información contagiosa

¡Hola! ha pasado más tiempo del que me habría gustado que pasase para escribir una nueva entrada… por fin aquí está. Como siempre os dejo un enlace a una playlist por si queréis escucharla mientras leéis: aquí está. ¡Feliz lectura!

¿Os habéis dado cuenta del tipo de noticias que vemos y leemos? ¿Os habéis dado cuenta del contenido de los programas que vemos? ¿De las conversaciones automáticas que tenemos?

Parece que desde hace unos años estamos pasando una crisis a varios niveles. Aunque, quizá, podríamos también pensar que estamos pasando una crisis por las normas que nos hemos impuesto para vivir en esta sociedad. Normas económicas mayormente. Pero no vamos a filosofar sobre ello en esta entrada. Sigamos.

Es curioso, hay crisis, y la gente comienza a temer. Temer a perder el trabajo, temer a no poder seguir disfrutando del nivel de vida que antes tenía, temer a… De repente se instaura el miedo en la sociedad como un elemento invisible e intocable que sobrevuela todos los rincones.

Entonces, sintiendo miedo, perdiendo poco a poco la ilusión por la vida, intentamos entretenernos, evadirnos, desconectarnos de ese aire denso.

Ponemos la televisión, cogemos un periódico, y, ¡eureka! ¡un montón de noticias buenas! Mira, hoy han ido unos amigos a una residencia de ancianos a pasar tiempo con ellos desinteresadamente. ¡Oh! ¡una chica se va a la unidad de cáncer infantil para dar amor y cariño a niños que están pasando un mal momento!

De repente dices ‘¡vaya!, ¡este mundo es genial!’ y te vas a la cama. Te acuestas con esa sensación de bienestar que te hace pasar una buena noche, sabiendo que hay gente increíble por ahí suelta. Te despiertas, te levantas y… ¡tienes ganas de estar en este mundo con gente maravillosa!

Desayunando recuerdas la noticia de ayer, y sí, es cierto que ayer no pudiste comprarte esa camisa que querías, pero no te acuerdas de eso, o si lo recuerdas, bueno, no tiene tanta importancia. Recuerdas las noticias de ayer, las comentas en el desayuno, por el whatsapp… y te vas al trabajo, te cruzas con el vecino y le saludas con alegría e ilusión, Bueno, no exageremos, le saludas animado, porque te sientes bien, le sonríes. Quizá, ese día, tu vecino necesitaba cruzarse a alguien que le saludara como tú has hecho.

Pinta bien, ¿verdad? visto así hasta parece que la información es contagiosa.

Pero, espera un momento… ¿es esto lo que ocurre habitualmente? Ah, no… resulta que las noticias que vemos son bastante opuestas a lo descrito anteriormente. Crisis, robos, asesinatos, corrupción, la lista es infinita. Y en los programas de entretenimiento no es distinto, o en las tertulias. Discusiones por temas menores, dando importancia una y otra vez a lo malo que supone esta acción o lo peor que sucederá tras lo otro. Por supuesto, todo aderezado con la pantalla de 70 pulgadas al fondo del plató repitiendo una y otra vez “la jugada”, bien grande, para que se quede bien grabada en nuestra mente, en nuestro inconsciente.

Y ahí estás tú, diciendo ‘es que no puede ser, son unos ladrones’, ‘fíjate, qué loco, ha matado a…’, ‘por dios, los niños de África no tienen para comer y se mueren a diario’.  

Si pudieras en ese momento parar, cerrar los ojos y observar tus sensaciones, sentimientos y pensamientos, ¿qué hay? Negatividad, oscuridad, enfado, tristeza, desesperanza.

Y así te acuestas, pensando ‘qué mal está el mundo’, ‘es que no sé donde vamos a acabar’, ‘así vamos de mal en peor’, seguramente no pasarás la mejor noche de tu vida, quizá tampoco la peor, pero seguro que la noche “de las noticias felices” fue mucho mejor.

Suena el despertador, ‘Dios otra vez levantarse para ir a este trabajo’. Desayunas, sales de casa, y ahí está, el vecino. Le saludas con toda la educación del mundo pero con desgana sin ilusión, sin sonreír, porque, ‘tal y como están las cosas…’. Y al vecino, que hoy tampoco tiene su mejor día, le acabas de dar el pequeño empujoncito que necesitaba para confirmar todos sus males, así ya podrá estar todo el día cabreado con la cantidad de cosas malas que le pasen y que pasan en el mundo. La información es contagiosa.

La información es contagiosa, y este mundo sería mucho mejor si nos contagiáramos de noticias que contaran la cantidad de personas que están trabajando cambiando ellos para que cambie el mundo.

Hay gente que ayuda a jóvenes a entender sus emociones y aprender inteligencia emocional, otros ayudan a las personas a comprender el proceso de la muerte, otros intentan que su oficina sea más humana,  otros dan abrazos en la calle… ¿no lo has probado? ¿cuándo fue la última vez que te abrazaron de verdad? Quizá nunca. Si alguna vez ves “a un loco” por la calle regalando abrazos, sé valiente, no tengas prisa, y abrázale… deja de pensar, escucha, huele, siente, y cuando pase ese momento incómodo empezará uno de los mejores días de tu vida. Y, lo mejor de todo es, que lo contagiarás.

No me malinterpretéis. No digo que no sea importante la muerte de una persona a manos de otra, o que los políticos roben, ni que miles de personas mueran en el mundo por un desigual reparto de la riqueza. Pero sí digo que ¿cómo nos vamos a ocupar de todo lo que nos queda lejos si no nos ocupamos de lo que nos queda cerca? ¿No es más fácil ocuparnos de lo que nos queda cerca y que se vaya expandiendo ese radio de acción?

Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo… y deja de ver las noticias, tertulias y programas donde se discute y se faltan el respeto las personas… al cabo de un tiempo, seguro notarás los cambios en tu vida a mejor.

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