Los fantasmas del pasado

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¡Hola! ¡ya estoy de nuevo por aquí para seguir escribiendo sobre la vida! Quizá te apetezca escuchar esta playlist mientras me lees. Espero que disfrutes la lectura.

¿Cuántas veces has pensado: “¡ya me ha vuelto a pasar lo mismo!”? ¿Cuántas veces te ha vuelto esa emoción ante una situación “adversa”?

Esas sensaciones, esa forma de sentir los eventos que nos suceden en nuestra vida, y que no somos capaces de recordar cuándo fue la primera vez que lo sentimos. Están con nosotros desde siempre. Es nuestra forma de reaccionar emocional y sentimentalmente ante situaciones desde que éramos pequeños, por eso no recordamos, generalmente, cuando fue la primera vez que sentimos “esa sensación”.

Esa sensación, esa conocida y vieja sensación. Cada uno de nosotros tenemos una o varias de ellas, las que afloran cuando tenemos la energía baja, cuando una situación nos duele, cuando se vuelve a repetir una y otra vez eso que no te agrada.

Son los fantasmas del pasado. Ellos, no son ni más ni menos, que invenciones de nuestro ego, y heridas de nuestro inconsciente que se generaron en nuestra infancia, o en la vida de nuestros padres, o, incluso, en la de nuestros antepasados.

Más de uno de vosotros recordará alguna situación que desde pequeñitos le bloqueaba en demasía, le hacía temer, le hacía sentir “cosas de adultos” (preocupaciones por ejemplo), cuando ni siquiera sabía qué significa esa sensación ni porqué estaba así. En estos casos, puede ser una carga, una herida que llevamos de alguien de arriba de nuestro árbol.

Normalmente esas sensaciones se quedan con nosotros mientras crecemos y la vida se encarga de ponernos situaciones similares una y otra vez para conseguir superar el nivel, como si de un videojuego se tratara.

¿Cuántas veces te has sentido sin poder hacer o decir algo y no sabes porqué sucede?

¿Cuántas veces te ves repitiendo el mismo patrón?

En uno de esos días, de esas situaciones que dices ‘otra vez me pasa lo mismo’, te das cuenta que sientes como cuando eras niño, sin herramientas para cambiar lo que sientes, con miedo ante una situación que no sabes manejar. No sufras más de lo necesario. Acoge la sensación, porque no es ni más ni menos que la carencia de amor que en algún momento sufriste tú, tus padres o tus antepasados.

Vale, todo esto está muy bien. Soy un adulto, y en ocasiones me sigo sintiendo igual de inseguro, temeroso, desvalorizado que cuando era un niño o un adolescente; y sé que es por una herida del pasado. ¿Y qué hago?

Pues tienes dos opciones:

  • Alimentar el sufrimiento, el dolor, el miedo, la inseguridad, la infravaloración, repitiéndote una y otra vez cosas del estilo “siempre me pasa lo mismo”, “es que nunca podré superar esta situación”, “¿cuándo seré valiente?”, “¿cuándo me valoraré?”, “¿cuándo no necesitaré de los demás, del exterior para ser alguien?”, etc.

  • O aceptar que tienes algo que aprender, aceptar que si siempre haces lo mismo en esas situaciones y todo sigue igual, tendrás que hacer algo distinto para que cambie. Quererte, y aceptar la situación pensando cómo puedes acogerla sin rencor, con compasión y permitiéndote sentirte así de nuevo, sabiendo que pasará y que la próxima vez que vuelva estarás más preparado.

Desde luego, no sirve de nada culpar a alguien, ni si quiera a quien te enseñó a sentir así, cada uno hace lo que puede con las herramientas que tiene. Y tú, también, así que para empezar empieza siendo compasivo/a contigo mismo/a.

Piensa que si culpas a alguien de lo que te sucede estás entregando el poder de tu vida, y tú eres responsable de ella. Si no fueras responsable no podrías hacer nada para cambiarlo. Ser responsable significa, que, como responsable que eres, ¡¡¡puedes hacer algo diferente!!!

Además de intentar superar las visitas de los fantasmas pasados cuando los tenemos delante nuestro, podemos practicar y entrenar en su ausencia. Pero, claro, ¿quién va al gimnasio sin un objetivo cercano? Muy poca gente, y ¿qué sucede? que llega el verano y no has ido al gimnasio. Aquí tenemos que funcionar igual, si queremos que los fantasmas tarden cada vez más en visitarnos y cuando lo hagan estemos más preparados hemos de entrenar.

Medita, ordena tu casa, haz deporte, mírate en fotos y vídeos de pequeño y observa lo increíble y maravilloso que eres. Quiérete.

No es necesario que hagas todo, no es necesario que lo que hagas tengas que hacerlo “como un profesional”.

¡Hoy ordena sólo los calcetines! ¡Mañana sólo las camisetas! ¡Pasado sólo los zapatos!

¡Medita un minuto, dos minutos! ¡Hazlo una, dos veces al día!

Muévete, comprométete contigo mismo, respétate, es mejor hacer una cosa muy pequeña, que, por querer hacer la grande no moverse.

El movimiento llama a más movimiento.

Sobre todo mira hacia atrás intentando ser objetivo. ¿Has ordenado hoy los calcetines? ¡Enhorabuena! ¡ya has hecho algo!

‘Sí, pero ordenar los calcetines no es nada ¿has visto cómo sigue todo?’, me dirás. Y yo te responderé ¿lo hiciste la semana pasada? ¿lo hiciste la anterior? ¿y la anterior? No ¿verdad? Pues ¡Enhorabuena! Te comprometiste contigo y has cumplido. Te has dedicado tiempo a ti, reconócelo y siéntete orgulloso de las pequeñas cosas y gestos que consigues hacer que en muchas ocasiones suponen un mundo.

Nos han enseñado a fijarnos en las cosas negativas, en que debemos hacer todo, conseguir todo, al completo, o todo o nada, y así no damos valor a los pequeños triunfos de nuestra vida cotidiana.

Céntrate en dar valor a esos pequeños gestos que haces por ti con la mitad de la energía que le dedicas a alimentar los pensamientos automáticos, los pensamientos negativos, y las sensaciones de los fantasmas. Verás los resultados. Si no lo has probado no puedes rebatirlo, así que ¿a qué esperas?

Un abrazo, Vicente.

NOTA: Aquí la compasión no tiene nada que ver con la idea religiosa de que alguien te dé pena, o tú mismo, tiene que ver con reconocer que haces lo que puedes, y que el hecho de estar ya tratando de hacer algo ya es valorable. Es como, no seas duro, ese mensaje de dureza no es real, es automático.

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