Soltar el control, fluir con la vida.

¡Hola! La playlist de esta entrada es esta. ¡Quizá te guste escucharla mientras la lees!

 

Esta es mi segunda entrada, y espero que tras esta haya muchas más. La única intención que tengo, como ya comenté, es escribir. Escribir aquello que en un momento dado me viene a la cabeza por experiencias de la vida.

 

No tengo idea de qué tono voy a utilizar, ni de cómo me voy a dirigir a vosotros. ¡Ni siquiera sé si debo dirigirme a un vosotros o escribir sin más!

Seguro que con el tiempo modificaré conductas de escritura, porque, ya que estamos, esta experiencia me servirá para aprender a comunicar mejor.

 

Dicho esto no sé muy bien cómo acabaré el post, pero sí cómo lo quiero comenzar:

¡Soltando el control, fluyendo con la vida!

 

Quizá sería un título más acertado el siguiente: Soltar el control, dejar que la vida fluya a través de nosotros.

¿Qué es soltar el control? ¿Cuándo nos damos cuenta que eso sucede? ¿Cómo podemos conseguirlo? ¿En qué nos beneficia?  

 

Soltar el control no es más que estar sin tener que pensar. Sentir sin tener que buscar. Actuar sin tener que decidir. Cada vez vivimos más en la mente, y menos en el cuerpo. Menos en la naturaleza, menos en la vida.

Nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, preocupándonos por aquello que hicimos o no hicimos, o por aquello que deberemos hacer o vendrá. 

Atención a la palabra PREocuparse… ocuparse antes de…

 

La realidad es que nada de lo que hicimos puede cambiar, y en un porcentaje muy alto, nada de lo que vendrá será como aventuramos.

 

¿Por qué soltar el control? Porque cuando lo hacemos liberamos nuestra mente de esa pesada carga de generar pensamientos y preocupaciones constantemente. Cuando eso sucede nos sentimos más livianos, más ligeros, como si nada importara. Pero es justo en esos momentos cuando todo importa. Ese todo es el presente, es la conexión con el aquí y el ahora, es la expresión de la vida a través de nosotros. Es la mayor expresión de control sin controlarlo nosotros.

 

¿Cuántas veces viendo un bello paisaje no hay nada más que ese justo momento? No hay pensamientos, pero tu mente no está vacía. Todas las células de tu cuerpo están llenas, están conectadas, están llenas de vida, y esa vida está dentro de tu mente, por eso tu mente no está vacía.

La vida está sucediendo a través de ellas para que puedas conectarte con todas las cosas, con los árboles, los animales, las plantas… el universo. Justo en ese momento desconectas tu mente racional, sueltas el control, y conectas de nuevo tu cuerpo, con tu alma y con todo lo que te rodea.

 

De acuerdo, voy a la naturaleza me quedo mirando y… ¡no pasa nada! … estoy seguro de que sí ha pasado muchas más veces de las que recuerdas.

 

Cuando la vida pasa a través de ti, no piensas en lo que haces, todo sucede. Eso, precísamente es lo que experimentas cuando, por ejemplo, bailas sin controlar los pasos. De repente te das cuenta que no eres tú decidiendo que hacer, no eres tú dirigiendo a nadie, son movimientos que surgen mágicamente y se compenetran perfectamente con tu acompañante, sincronizados de forma mágica con la música.

¿Has observado alguna vez a las personas bailando? ¿Has visto su mirada? ¿Su sonrisa? Esos movimientos que, sin ser perfectos, encajan como un todo, porque no hay separación entre los músicos, la música, los bailarines y la vida. Es pura vida, haciendo lo que es: disfrutar, sentir, oler, mirar, escuchar… todo sin pasar por ningún filtro mental, simplemente sucediendo.

 

¿No has visto nunca algo así? De acuerdo, ve a un parque, siéntate. Mira los niños, observa, no te preguntes, nada, no intentes sentir nada, sólo observa. ¿Ves algún atisbo de control? Sólo es movimiento, sólo es diversión, sólo es vida, manifestándose a través de unos cuerpecitos pequeños que no paran quietos ni un momento, sin premeditación alguna, sin limitación, sin un plan establecido o un juicio de si esto que voy a hacer ahora está bien o está mal. No hay preguntas sobre si lo que estoy haciendo lo estoy haciendo de la forma correcta o mejor.

 

Muy posiblemente pensarás: «mmm, ok, pero en ocasiones estos niños se desmadran…». Es cierto, y cuando eso sucede ya está actuando parte de esos programas automáticos y rutinas que desde pequeños vamos absorbiendo, por lo tanto en ese momento, el control mental ya está presente, aunque a esas edades no de forma totalmente consciente.

 

Un apunte para acabar: no confundamos soltar el control con perderlo. Cuando fluyes, cuando todo sucede sin más, no has perdido el control. Todo lo contrario… Volvamos a la escena del baile ¿ves algún tipo de descontrol? En la sala de baile se mueven 80, 100 personas, quizá muchas más, y todo es un fluir continuo, no hay una pizca de descontrol, no hay una pizca de desorden… sin embargo ninguna de sus mentes tiene el control, lo han soltado, solo hacen, sólo fluyen, sólo viven.

 

¿Cuándo fue la última vez que soltaste el control? Te invito a que vayas a la playa, el monte, un parque y tan solo observes… sin más… observa la vida… si disfrutas y conectas con la vida será genial… sino, tan sólo habrás invertido unos minutos… tampoco es para tanto ¿no? Seguro que has invertido minutos no muy fructuosos en otras ocasiones y no ha pasado nada, así que… ¿a qué esperas para probar?

 

¡Un abrazo!

Vicente

 

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